No solemos usar este espacio para realizar críticas de espectáculos. Hoy vamos a hacer una excepción. ¿O tal vez deberíamos decir que vamos a compartir la primera crítica de muchas otras que están por llegar?

En cualquier caso, y como ya sabéis, en La Diferencia estamos atentos a las diversas formas de expresión y muestras de creatividad, por lo que tampoco debería sorprender a nadie que hoy hablemos de un concierto al que hemos asistido.

Sin embargo, es posible que sí os llame la atención el hecho de que el concierto en cuestión no sea moderno ni original, sino que se trate de la Misa en Si Menor de J.S. Bach, y en concreto de la versión que John Eliot Gardiner ha dirigido en el Auditori de Barcelona.

Y es que en muchas ocasiones para destacar no hace falta buscar la provocación ni lo novedoso, sino que “basta” con ser riguroso, comedido, y fiel a las formas más clásicas. Eso sí, debe hacerse con criterio y buen gusto, por lo que queda solo al alcance de los más talentosos.

También es posible que os sorprenda que firme la crítica Eduardo Antoja Giralt (padre de Edu Antoja, director de La Diferencia) pero es que se trata de uno de los mejores conocedores de la obra de Bach. Eduardo senior, por cierto, acaba de crear una web personal desde la que es posible comparar diferentes versiones de la obra del compositor alemán.

AUDITORI DE BARCELONA – 26 DE MARZO DE 2013

Había visto y escuchado a John Eliot Gardiner con su coro y orquesta en julio del año 2000 en el Festival de Peralada, coincidiendo con la conmemoración de los 250 años de la muerte de Bach. En aquella ocasión hizo una versión “romántica”, con mucha orquesta, coro y solistas de élite. Muy de festival.

Hoy nos ha obsequiado con una versión mucho más barroca.

Los músicos y los hombres del coro iban de frac – como debe ser – y las mujeres todas de falda negra y camisa blanca. Buen punto de partida.

Los instrumentos, todos, originales. En particular, los metales eran armónicos, sin pistones, incluso la trompa, que sonaba genial en la boca de una chica muy joven. Y Sir John Eliot Gardiner – que él sí, iba disfrazado de húsar de luto – sin podio, partitura ni batuta. Muy bien, en este sentido.

No había solistas, iba saliendo distinta gente del coro – no muy grande, unos 30 cantantes en total – para las arias y duetos. A alguna soprano le faltaba un poco de potencia, pero lo hacían bien. Ni un fallo de afinación, ni una entrada a destiempo en toda la Misa. Chapeau, en este sentido.

Lo que más he admirado han sido los pianísimos. Nunca había oído un “Incarnatus est” tan matizado; y el “Crucifixus” lo han cantado cuatro solistas, no el coro entero. Genial, igual que el “Et iterum venturus”, cantado al unísono por los barítonos, como en los mejores tiempos de Carlitos Richter.

Y el “Agnus Dei”, cantado por una contralto joven y gordita, acompañado por un bajo continuo de antología, es el mejor que he oído.

No ha habido pausas, todo seguido. Sólo han afinado los instrumentos al final del Gloria. También de agradecer.

¡Ah! Y a pesar de lo que digan los más puristas, los solistas vocales e instrumentales se desplazaban a la primera fila para destacar más, o se ponían de pie – caso de la trompa.

Al final, un público entregado que apenas dejaba unas 20 plazas sin ocupar en el Auditori ha – hemos – estado aplaudiendo durante 14 minutos cronometrados. Y no han habido bises, por supuesto.

Conclusión: con mejores solistas vocales femeninas hubiera sido una Misa perfecta. Pero, en cualquier caso, ha sido memorable.

Eduardo Antoja Giralt
Barcelona, 26 de marzo de 2013